En
El único y su propiedad, Stirner hace una crítica radicalmente
antiautoritaria e
individualista de la sociedad
prusiana que le era contemporánea. Ofrece una perspectiva de la existencia humana que describe el
ego como una entidad particular y creativa más allá del lenguaje y de la
objetividad, como una realidad subjetiva fundamentada en sí misma, ante la cual el ego está solo, al contrario de lo que predicaba buena parte de la tradición filosófica occidental. Para Stirner el individuo debe ser ante sí mismo el único ser supremo, liberado del yugo de Dios y de las
«ilusiones» del
humanismo. Este individuo es el Egoísta, el
Único (
Einzige) y solo asumiendo sin hipocresías ese egoísmo esencial, el hombre puede llegar a la plenitud de su expresión.